En este versículo, Dios habla con Moisés, reafirmando su conocimiento del sufrimiento de los israelitas en Egipto. Los israelitas, esclavizados y oprimidos, claman por liberación. Dios escucha su gemido, lo que significa su profunda compasión y atención a su situación. Este momento es crucial, ya que marca el recuerdo de Dios sobre su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, una promesa de hacer de sus descendientes una gran nación y darles una tierra propia.
El versículo subraya la fidelidad de Dios y su compromiso con su pueblo. Asegura a los creyentes que Dios no es distante ni indiferente al sufrimiento humano. En cambio, está activamente involucrado en la vida de su pueblo, listo para intervenir y cumplir sus promesas. Este mensaje es atemporal, animando a los cristianos a confiar en la inquebrantable fidelidad de Dios y su perfecto tiempo. Nos recuerda que incluso en tiempos de dificultad, Dios está trabajando tras bambalinas, preparándose para traer liberación y restauración.