En este versículo, se hace hincapié en la fiabilidad y veracidad del relato ocular sobre la crucifixión de Jesús. El autor, tradicionalmente entendido como Juan, asegura la credibilidad del testimonio, garantizando a los lectores que los eventos descritos se basan en una observación directa. Esta garantía es crucial porque proporciona una base para la fe, invitando a los lectores a confiar en la narrativa del Evangelio. La afirmación "su testimonio es verdadero" refuerza la autenticidad del relato, lo cual es vital para la comunidad cristiana primitiva y para los creyentes de hoy.
El propósito de este testimonio se declara explícitamente: se da para que otros puedan creer. Esto refleja un tema central en el Evangelio de Juan, donde la creencia en Jesús como el Hijo de Dios es primordial. El versículo subraya la importancia de la verdad en el mensaje cristiano, alentando a los creyentes a tener confianza en la realidad histórica de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Al afirmar la veracidad del testigo, el versículo invita a los lectores a una fe más profunda, arraigada en la certeza de que el Evangelio es un relato confiable de la acción divina en el mundo.