En su carta a los corintios, Pablo confronta una situación preocupante dentro de la iglesia: un caso de inmoralidad sexual que es tan grave que supera incluso los estándares morales de la sociedad pagana circundante. Un hombre está involucrado en una relación con la esposa de su padre, lo que probablemente sea su madrastra, y este comportamiento no solo es inapropiado, sino que también es dañino para el testimonio de la comunidad. Pablo está profundamente preocupado por la respuesta de la iglesia, o la falta de ella, ante este pecado. Insta a los corintios a tomar medidas decisivas para abordar esta falta moral, enfatizando la importancia de mantener la pureza y la integridad dentro de la iglesia.
Este pasaje subraya la responsabilidad de la comunidad cristiana de mantener los estándares bíblicos de conducta. Destaca la necesidad de la disciplina eclesiástica en casos de pecado no arrepentido, no como un medio de castigo, sino como una forma de restaurar al pecador y proteger la salud espiritual de la comunidad. El mensaje de Pablo es un llamado a la vigilancia y a la santidad, recordando a los creyentes que sus acciones reflejan su fe y al Dios que sirven. Al abordar tales problemas, la iglesia puede mantener su testimonio y demostrar el poder transformador del evangelio.